jueves, 10 de mayo de 2012

Francisco Magaña, al Sistema Nacional de Creadores

Por su trabajo literario de más 30 años, el poeta, editor y traductor tabasqueño Francisco Magaña Magaña (Paraíso, 1961) pasa a formar parte durante tres años, a partir de este 2012, del Sistema Nacional de Creadores, bajo el rubro de Creadores Artísticos, Categoría 1.
Radicado en Comalcalco, donde desde hace una década también dirige la Editorial Monte Carmelo, Francisco Magaña se convierte en el segundo tabasqueño en recibir tan alta distinción. El año pasado entró a formar parte de estos estímulos el también poeta Jeremías Marquines.
Magaña Magaña ingresa así al círculo selecto que el Estado mexicano sostiene a fin de “estimular, fomentar y apoyar la creación artística individual y su ejercicio en condiciones adecuadas”.
La trayectoria del tabasqueño rebasa por mucho las condiciones impuestas por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Educación Pública, entre las que fija tener “hasta tres libros publicados de su autoría” como mínimo para solicitar la beca.
Tiene en su haber una docena de títulos, los cuales han aparecido lo mismo en editoriales locales como la del Gobierno del Estado, que en sellos de prestigio nacional como la colección Ala del Tigre, de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Desde la publicación de Cuerpo en ausencia, en 1990, la obra de “Chico” —como lo llaman sus amigos-- ha ido apareciendo para dejar “plena constancia de un oficio poético ejercido a lo largo de los años con la necesidad de la pasión, con el indispensable rigor”, en palabras del poeta Jorge Esquinca, quien además ha dicho de las ediciones hechas en Pueblo Nuevo de San Isidro Labrador —viejo nombre usado por el poeta tabasqueño para fechar los casi 50 títulos de su editorial—: “no está de más afirmarlo nuevamente: como editorial independiente, Monte Carmelo está haciendo los libros de poesías más hermosos de nuestro país”.
Junto a Francisco, resultaron premiados en la versión 2011 de Letras, David Milkos, Claudia Posadas, Alejandro Toledo, María Baranda, Ricardo Chávez, Silvia Eugencia Castilleros y Andrés Acosta.
En el consejo de selección estuvieron Anamari Gomís, Alejandro Valle, Hugo Hiriart, Francisco Hinojosa, José de la Colina y Pura López, entre otros.

lunes, 7 de mayo de 2012

El peso de las palabras


Carlos Coronel

Un chilango llamará siempre tortuga a todas las especies de quelonios y si se atreve a hacer una distinción tendrá que basarse forzosamente en lo más evidente: su tamaño, para decir tortuguitas.
El nativo de Tabasco, en cambio, inmerso en su pasado de agua, sabía distinguir entre un guao, un chiquiguao, una hicotea, una tres lomos, una mojina y un pochitoque.
El mentado aguacate criollo que ofertan las cadenas comerciales por todo el país es llamado por los nativos tabaqueños chinín, y sus vecinos de Veracruz lo nombran pagua, ambas palabras fueron importadas por los mexicas durante su expansión por el Golfo de México.
La influencia más directa e inmediata del hispanohablante en estas tierras bajas, como ya ha mencionado Rosario Gutiérrez Eskildsen en Substrato y superestrato del Español en Tabasco, procedió de las lenguas vecinas: el náhuatl conquistador, el maya vecino y la variante de éste, el chontal, que tuvo su gran auge en el área que se conoce como La Chontalpa.
Otros hechos —metalingüísticos— como la historia particular de una comunidad y, más recientemente, la economía global y hasta la tecnología, contribuyen, imperceptible e inevitablemente, a moldear, corromper, preservar, trasplantar, revivir y reinventar el habla del español en el sureste mexicano.
De la incidencia de una lengua sobre otra hasta su mestizaje, se pueden mencionar las unidades de medida antiguas, que todavía usan los ancianos en los mercados públicos de Tabasco.
Algunos patrones se remontan hasta el periodo Posclásico, cuando los mexicas obligaron a los chontales —prodigiosamente establecidos en el umbral de las ciudades-estados mayas—, a comerciar con ellos, imponiéndoles sus medidas.
Los yoko t`aan, de por sí bilingües por sus muchos tratos comerciales con otros pueblos, no tuvieron empacho en adoptar las medidas aztecas como suyas.
Todavía si uno camina por los mercados descuidados por las administraciones municipales —tan veleidosas con las cadenas comerciales—, se oye a marchantes pedir “una mano” de cacao o de mazorcas de maíz o algún fruto local.
Por la llamada autopista rápida a Paraíso, decenas de pequeños agricultores con su excedente de maíz, se paran a ambas orillas de las dobles vías con sus sacos de polietileno (antes eran tejidos de henequén) y ofrecen a nueve pesos una mano de maíz.
La mano, en este caso, equivale a cinco unidades y era muy efectiva aún cuando el hablante no supiera mucho de números porque bastaba con mirar sus dedos para realizar cualquier transacción.
De la mano viene el zonte o soncle, que era el equivalente a 80 manos, es decir, unas 400 unidades, convención usada generalmente para realizar grandes transacciones.
Como señala Charles Gibson en Los aztecas bajo el dominio español, los mercaderes indígenas no tasaban sus productos basándose en el peso, sino en unidades que tenían como base la numeración vigesimal azteca.
Hasta mediados del siglo XX, los comerciantes que venían en sus torton de Monterrey, Puebla y Ciudad de México, a comprar el zapote sembrado en estas tierras bajas, se rehusaron a usar el millar en sus negociaciones, eligiendo el zonte como el patrón más conveniente.
En un saco de henequén cabía aproximadamente medio zonte de mazorcas, pero si el fruto se daba bien, las 200 unidades no alcanzaban a entrar todas, quedando fuera dos o tres manos, imprevisto que se resolvía alargando la costura del saco con una pita elaborada también de henequén.
La palabra zontle se origina del náhuatl tzontli que, según Francisco J. Santamaría, en su Diccionario de Americanismos, significa: cuatrocientos.
Además de contar el cacao y el maíz, el patrón se aplicaba a otros frutos como la naranja y el zapote, o cosas como la leña.
“Zontear el maíz o la leña” es una expresión ya casi extinta en la entidad, pues raramente se la oye entre los viejos campesinos, a no ser que evoquen la tarea que hicieron de niños al contar las mazorcas o las rajas de leña, acomodándolas en grupos de 20, cada uno con 20 unidades, para alcanzar la cifra de 400.
El tzontle también era usado para medir el terreno, fijando una unidad por cada 4.4 hectáreas de tierra. En La servidumbre agraria en México en la época porfirista, el historiador Fiedrich Katz menciona la costumbre en las haciendas cacaoteras de otorgar medio zontle —unas 2.24 hectáreas— de tierras cultivables a los peones acasillados como parte de su paupérrimo salario.
No obstante, el sueño de cualquier ranchero hasta el periodo posrevolucionario era poseer una caballería. La medida resulta menos antigua en América que el zontle, porque los nativos de estas tierras no conocieron el caballo sino hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI, quienes además de imponer este patrón implantaron también la arroba y el quintal para comerciar la carne, la manteca, el frijol, el azúcar, la panela, el café, el palo de tinte y el jabón.
El Diccionario de Autoridades de 1729, pone varias entradas a caballería, pero todas parten de “la bestia en que se anda a caballo”. De esta procede “el número de hombres a caballo que forman un cuerpo” y por extensión “toda la gente de armas montada a caballo” que constituye un ejército.
De las obligaciones y privilegios del buen guerrero con montura se dice que formaban caballería. Uno de estos privilegios se había impuesto como regla: conceder “ciertas rentas que los Ricos hombres repartían de las suyas propias entre los Caballeros y gente de guerra, que eran sus vasallos y los asistían cuando salían a servir a los reyes”. De modo que caballería pasó a nombrar todas las rentas obtenidas por los caballeros que acaudillaban las guerras.
El Diccionario de 1780 amplía la entrada: “En lo antiguo era la porción que de los despojos tocaba a cada caballero en la guerra, y a proporción había media caballería y aún doble, como sucedía al General que ganaba algún despojo, al que se le duplicaba la recompensa”.
Por supuesto que el auténtico caballero tenía que no dejarse dominar por la avaricia y cumplir sus deberes como vasallo y guerrero, entre los que figuraba compartir el despojo noblemente llamado caballería. No hacerlo implicaba deshonra o destierro, como sucede a don Rodrigo Díaz de Vivar en el Mío Cid.
Con la otra Conquista peninsular en Mesoamérica, la Corona española concedió a los pobladores de las tierras conquistadas “repartimiento de tierra o haciendas” con el fin de que los indios “se avecindasen y mantuviesen en ellas”. Dicha provisión se llamó caballería, en oposición a casas, solares y peonías. Incluso, queda fijada la extensión de la tierra: “cien pies de ancho y doscientos de largo”.
En Tabasco, el término sobrevivió entre finqueros para fijar extensiones de tierra muy amplias. Santamaría en su Diccionario de Americanismos precisa la medida: 42.7953 hectáreas.
Criollos o mestizos no escaparon en pleno siglo XX a la vieja costumbre española de dejar como herencia una caballería por cada hijo que se tuviera. “Se hacían el propósito de sembrar frijolar, milpa, engordar puerco, levantar pavos para comprar muchos terrenos que entonces sobraban en esas cantidades”, evoca un viejo hacendado de Chiltepec, en Paraíso.
Falta investigar otras unidades de medición que los abuelos de quienes habitan estas tierras usaron para comerciar, algunos de uso todavía vigente, como la cuarta —medida de extensión pequeña que va del pulgar al meñique de la mano extendida— que los vendedores de longaniza ahumada utilizan para transaccionarla en las calles.

¿Ustedes cuáles recuerdan?

lunes, 30 de abril de 2012

Comalcalco, puerta de entrada al Mundo Maya

La Zona Arqueológica será centro de gravedad mundial durante el solsticio de invierno de 2012



COMALCALCO, TAB.- Orgulloso de su herencia cultural, pero consciente del gran compromiso que representa ser la puerta de entrada al Mundo Maya, el pueblo de Comalcalco está trabajando intensamente en los preparativos para recibir al turismo nacional y extranjero en un magno evento que se llevará a cabo en esta Zona Arqueológica el próximo 21 de diciembre de 2012, fecha que señala el fin del calendario Maya y el inicio de un nuevo ciclo.

 Lo anterior se dio a conocer en el marco del acto protocolario del lanzamiento del Programa Mundo Maya, encabezado por el presidente de la república Felipe Calderón Hinojosa desde el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México, quien se enlazó vía satélite con los gobernadores de los estados del Sureste donde se encuentran las diez principales zonas arqueológicas de esta civilización ancestral: Tabasco, Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Yucatán.
Luego del mensaje emitido en cadena nacional por el gobernador Andrés Rafael Granier Melo desde la zona arqueológica de Comalcalco —una de las diez ciudades Mayas que serán sedes de este evento de trascendencia mundial—, el alcalde Alejandro Medina Custodio informó que en combinación de esfuerzos entre los tres niveles de gobierno se están realizando importantes obras de ampliación y acondicionamiento de la infraestructura en la zona arqueológica con una inversión de casi 24 millones de pesos, que consiste en la construcción de un estacionamiento, una sala de introducción, un sendero interpretativo, servicios sanitarios, salas comerciales, cafetería, área de esparcimiento, descanso y servicios educativos, así como el acondicionamiento de los laboratorios de investigación y restauración.
Sin restar importancia a los atractivos turísticos y el legado cultural de las zonas arqueológicas de los estados vecinos, Tabasco y Comalcalco destacan por tres aspectos relevantes, como son en primera instancia el hecho de que en esta entidad (El Tortuguero, Macuspana) fue descubierta la pieza que llamó la atención de la comunidad científica internacional: la estela No. 6, que se encuentra resguardada en el Museo Regional de Historia (CICOM), en Villahermosa.
Asimismo, Comalcalco es el único sitio cuyos edificios fueron construidos con ladrillo de barro y se le identifica como la ciudad Maya más occidental de Mesoamérica; además esta región es la principal productora de cacao en el país, cultivo que está muy ligado a nuestros ancestros.
Y finalmente, como atractivo adicional desataca el reciente hallazgo de 66 urnas funerarias y 50 entierros asociados en un lugar cercano a la Gran Acrópolis, que representa el cementerio prehispánico más grande de la región descubierto hasta ahora y por ende uno de los hallazgos más importantes del mundo Maya.
En este contexto, Comalcalco y Tabasco se aprestan a celebrar con “bombo y platillo el solsticio de invierno del año próximo, evento que colocará a nuestra entidad en el centro gravitacional del planeta y se avizora como el punto de partida para la consolidación de nuestra entidad en materia de turismo.



Aquí les dejo el vídeo del reportaje, disfrútenlo




jueves, 26 de abril de 2012

Puerto Ceiba

una Perla en el litoral tabasqueño


Heredero de una vasta historia que se remonta a los tiempos de la Conquista, Puerto Ceiba es hoy uno de los principales atractivos turísticos de Tabasco y punto de referencia en la zona costera de nuestra entidad.
Enclavado a escasos cinco kilómetros de la ciudad de Paraíso, ubicado en la región de la Chontalpa, Puerto Ceiba es la única villa con que cuenta este pujante municipio. De acuerdo al censo de Población y Vivienda 2010, tiene dos mil 726 habitantes que se dedican preponderantemente a la pesca, turismo, industria petrolera y comercio.
Estudiosos de la historia de Tabasco afirman que los primeros pobladores de esta región eran indígenas chontales descendientes de los Mayas que habitaban en los asentamientos de Chiltepec y Tupilco.
En 1510 Hernán Cortés entró en Tabasco por la barra de Tupilco y navegó por la margen Izquierda del río Seco, que en aquellos tiempos era más caudaloso y navegable hasta su confluencia con el Mezcalapa, en el municipio de Cárdenas.
En su viaje a Tenochtitlan, el Conquistador español ancló en un punto que denominó Paso de la Ceiba, correspondiente al ahora malecón “Pablo Márquez” de esta Villa, y continuó en canoa río arriba hasta llegar a un recodo donde crecían abundantes árboles silvestres llamados Paraiso. Le gustó tanto ese lugar que decidió pernoctar ahí, para continuar al día siguiente su viaje por el litoral hasta el ahora puerto de Veracruz y de ahí al centro del imperio Azteca.
Actualmente Puerto Ceiba es uno de los destinos turísticos más importantes de nuestra entidad. Ofrece a los visitantes paseos en lancha y en catamaranes por los ríos Seco y González, y por los manglares que conforman una intrincada red fluvial en la laguna Mecoacán. También se pueden realizar deportes acuáticos, como kayak, esquí, vela, pesca y buceo, todo ello enmarcado en una exuberante belleza de paisajes naturales, diversidad de flora y abundante fauna.
Para quienes deseen prolongar unas vacaciones en este paradisiaco lugar existen hoteles, búngalos y áreas para acampar. Y por supuesto, una gran variedad de restaurantes que ofrecen exquisitos platillos característicos de la gastronomía tabasqueña, con especialidades de pescados y mariscos.
Puerto Ceiba es el punto de partida del corredor turístico Puerto Ceiba – Chiltepec – El Bellote, que comprende majestuosas playas, balnearios, la laguna Mecoacán, el malecón “Pablo Márquez”, el parque temático “República de Paraíso” y una larga avenida gastronómica.
Si desea pasar un fin de semana inolvidable, no dude en colocar a Puerto Ceiba entre sus prioridades. La diversión y convivencia en familia está garantizada.